PAS y calor: ¿por qué nos afecta tanto?
Decidí escribir un pequeño artículo sobre el calor y cómo nos afecta como PAS. Está claro que no hay que ser una Persona Altamente Sensible para llevar mal las altas temperaturas. Sin embargo, siendo como somos y teniendo las reacciones sensoriales que tenemos, no es difícil comprender que probablemente nos cueste más mantener nuestro ritmo habitual durante los periodos de calor intenso.
Sabemos que una de las características de las PAS es tener los sentidos más desarrollados que las personas que no comparten este rasgo. Percibimos más estímulos y con mayor intensidad, y necesitamos más tiempo para procesarlos. No os cuento nada nuevo: es un hecho ampliamente investigado por la ciencia.
Un sentido continuamente estimulado
Cuando hace mucho calor, nuestro organismo recibe un estímulo constante. Durante el día, el sol; por la noche, temperaturas que apenas descienden. La sensación de calor permanece y apenas nos da tregua.
Tradicionalmente podríamos pensar que es el sentido del tacto el que está recibiendo ese estímulo, ya que toda la piel actúa como un enorme órgano sensorial. Sin embargo, Rudolf Steiner aporta una visión muy interesante, una visión que mee gustaría compartir con vosotros ya que me parece más que enriquecedor. Para él, el calor no pertenece al sentido del tacto, sino que constituye un sentido independiente: el sentido del calor.
Esta idea resulta muy sugerente. Según Steiner, no solo tocamos el mundo con la piel, sino que también percibimos constantemente su temperatura. El sentido del calor actúa como una frontera viva entre nuestro organismo y el entorno. Durante una ola de calor, ese sentido permanece activado prácticamente sin descanso.
Cuando nuestras antenas sensoriales no pueden desconectar
Las PAS solemos describir nuestros sentidos como auténticas antenas. Captan más información, más matices y más estímulos.
Cuando pasamos varias horas en un lugar con mucho ruido o rodeados de gente, sabemos perfectamente lo que ocurre. Poco a poco vamos saturándonos. Llega un momento en que el sistema nervioso necesita retirarse para poder recuperarse.
Con el calor sucede algo parecido, aunque no siempre somos conscientes de ello.
Nuestro sentido del calor está recibiendo información continuamente. No existe un momento de pausa. Incluso durante la noche seguimos percibiendo ese estímulo constante.
Quizá por eso muchas PAS terminan el día agotadas, irritables o con la sensación de que cualquier pequeño contratiempo las desborda.
El organismo busca el equilibrio
El ser humano necesita el calor para vivir. Nuestro cuerpo mantiene una temperatura muy precisa para que todos los procesos biológicos funcionen correctamente.
Mucho antes de que la Dra. Elaine Aron describiera científicamente el rasgo de la alta sensibilidad, Rudolf Steiner ya había desarrollado una comprensión muy rica de los sentidos humanos. Entre ellos distinguía el sentido del calor, al que otorgaba un significado que iba más allá de la simple percepción de la temperatura.
Para Steiner, conservar el equilibrio térmico no era únicamente una cuestión física. El calor también estaba relacionado con la actividad del Yo, con ese núcleo profundo de nuestra individualidad que nos permite permanecer presentes, conscientes y dueños de nosotros mismos.
Podría decirse que el Yo es quien «habita» el cuerpo y quien, de alguna manera, mantiene unidas nuestras dimensiones física, anímica y espiritual. Desde esta perspectiva, conservar el calor corporal no es solo un proceso biológico, sino también una expresión de nuestra vitalidad y de nuestra presencia en el mundo.
Cuando el calor exterior aumenta mucho, nuestro organismo debe dedicar una enorme cantidad de energía a regular la temperatura corporal. Esa energía deja de estar disponible para otras funciones. No es extraño que aparezcan el cansancio, la dificultad para concentrarse, la apatía o una mayor sensibilidad emocional.
El calor como expresión humana
Hay algo muy revelador en nuestro propio lenguaje.
Decimos que una persona es cálida, que una mirada transmite calor humano, que un abrazo nos reconforta o que un hogar resulta acogedor. Del mismo modo, hablamos de personas frías o de ambientes que nos dejan helados.
No son solo metáforas.
El calor siempre ha estado unido a la experiencia humana del encuentro, la cercanía y la presencia. Quizá por eso Steiner relacionaba este sentido con la expresión del Yo. Cuando estamos verdaderamente presentes, irradiamos un calor que no depende de la temperatura ambiental, sino de nuestra manera de estar con nosotros mismos y con los demás.
Las PAS y el calor
Si ya de por sí nuestro sistema nervioso procesa una mayor cantidad de información sensorial, no resulta extraño que las altas temperaturas puedan afectarnos de forma especialmente intensa.
No significa que seamos más débiles ni que exista un problema que resolver. Significa, sencillamente, que nuestro organismo necesita un mayor cuidado cuando uno de sus sentidos permanece estimulado durante días o incluso semanas.
Escuchar el cuerpo, reducir el ritmo, buscar momentos de frescor, hidratarse bien, descansar y no exigirse tanto no es un lujo. Es una forma de respetar el funcionamiento de nuestro sistema nervioso.
Y también puede ser una oportunidad para fortalecer ese calor interior del que hablaba Steiner: mantener la calma, cultivar la presencia, aceptar nuestros límites sin juzgarnos y cuidar aquello que alimenta nuestra vida interior.
Procesamiento profundo y conciencia del Yo
Aunque parten de perspectivas muy diferentes —la psicología científica en el caso de Elaine Aron y la antroposofía en el de Rudolf Steiner—, ambos ofrecen reflexiones que pueden dialogar de forma enriquecedora.
La Dra. Elaine Aron explica que una de las características fundamentales de las Personas Altamente Sensibles es el procesamiento profundo de la información. Nuestro sistema nervioso no solo capta más estímulos, sino que también los analiza con mayor profundidad antes de dar una respuesta. Esa capacidad constituye una gran fortaleza, aunque también hace que necesitemos más tiempo para integrar todo lo que percibimos.
Steiner, por su parte, no habla del procesamiento cerebral, sino de la conciencia del Yo, esa parte más profunda de nosotros que observa, da sentido a las experiencias y busca mantener el equilibrio entre el mundo exterior y nuestra vida interior.
No están describiendo lo mismo, pero sí pueden ayudarnos a contemplar una misma realidad desde dos ángulos distintos. Mientras Elaine Aron nos explica cómo funciona el sistema nervioso de una PAS, Steiner nos invita a preguntarnos cómo permanecer centrados cuando el exceso de estímulos amenaza con desbordarnos.
En días de calor intenso, cuando nuestro sentido del calor permanece activado durante horas e incluso durante la noche, esa doble mirada resulta especialmente valiosa. No basta con refrescar el cuerpo; también necesitamos ofrecer descanso a nuestra mente y espacio a nuestro mundo interior para que todo lo vivido pueda encontrar su lugar.
El calor exterior y el calor interior
No podemos cambiar la temperatura del verano. Pero sí podemos preguntarnos cómo queremos vivirla.
Quizá estas semanas de calor extremo nos inviten a bajar el ritmo, a escuchar mejor nuestro cuerpo y a tratarlo con mayor respeto. En lugar de luchar continuamente contra las circunstancias, podemos preguntarnos qué necesita nuestro organismo y qué necesita nuestra alma.
Las PAS solemos cuidar mucho de quienes nos rodean. Tal vez este sea también un buen momento para dirigir ese mismo cuidado hacia nosotros mismos.
El verano nos recuerda que el calor forma parte de la vida. Sin él no podríamos existir. Sin embargo, cuando es excesivo, nos obliga a detenernos y a escuchar con más atención tanto nuestro cuerpo como nuestra vida interior.
Quizá ahí resida la enseñanza más profunda de estos días. No se trata solo de soportar el calor exterior, sino de cuidar ese calor interior que nos mantiene vivos, presentes y profundamente humanos. Y, para las Personas Altamente Sensibles, ese cuidado no es un lujo: es una forma de honrar nuestra propia naturaleza.
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Cada recuerdo guarda una enseñanza.
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Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.
Si te gustaría aprender sobre niños con alta sensibilidad (a veces llamados NAS) a lo mejor te interesa el libro que dediqué al tema, Niños con alta sensibilidad, un libro recomendado por la Dra. Elaine Aron. “…Un libro indispensable para cualquier persona involucrada en la crianza de un niño con alta sensibilidad…” El libro está en su 4ª edición.
Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.
Imagen: Rafael Cisneros Mendez