PAS y la dependencia emocional
A lo mejor te ha pasado: te enamoras, entras en una relación. Tú, feliz; tu pareja también. Te encanta dedicar toda tu atención, tu tiempo, tus pequeños gestos, los grandes, tus ahorros, tu Ser a la otra persona. Entregas todo lo que tienes y todo lo que eres a tu pareja para hacerle feliz.
Haces lo que puedes para recibir un beso, un abrazo, una mirada de complicidad, una sonrisa, algo de la persona que ha venido a ser el centro de tu vida.
Tu pareja se siente bien. Se siente feliz contigo. Le gusta que le mimen y que le cuiden. Le gusta ser el centro de tu atención. Vamos, la historia empieza feliz y prometedora. Si eres una PAS romántica, posiblemente empiezas a soñar con una boda preciosa en la que brillas como nunca antes en tu vida.
Algo empieza a cambiar
De ser Tú, de ser quién eres de verdad, te conviertes en satélite de la otra persona, el núcleo de tu bienestar emocional. Si está cerca, te sientes feliz. Si está lejos, te sientes incompleto o incompleta y te preocupas.
Y si eres una PAS con una autoestima tendiendo a baja, es posible que empieces a notar esas traicioneras voces interiores: ¿Está con otra persona? ¿Ha encontrado a alguien más guapa, inteligente, interesante o deportista que yo?
Te resistes, pero esas vocecitas se vuelven más fuertes y variadas: Si no me quiere… Si me quisiera, estaría aquí conmigo. Si me quisiera, me llamaría para preguntarme cómo estoy. Si me quisiera, insistiría en acompañarme al médico. Si me quisiera, me daría más besos. Comentarios aparentemente tontos, pero que son como dardos cargados de veneno, cada uno de ellos mermando un poco más tu autoestima.
Cuando pierdes tu propio centro
El problema no es amar mucho. El problema aparece cuando la órbita alrededor del otro se vuelve tan estrecha que se pierde el propio centro. Y si tu centro depende de la atención de tu pareja, pierdes la capacidad de confiar en ti misma, en la relación y en la otra persona. Das vía libre a los saboteadores.
Para tu bienestar necesitas a la pareja y, si la pareja no responde a tus necesidades nacidas desde la carencia, crece la dependencia.
En una relación sana no hay un núcleo y un satélite. Hay dos personas con su propio centro de gravedad que se atraen, se acompañan y se enriquecen mutuamente, pero sin dejar de girar también alrededor de sí mismas. Esa es la diferencia entre el vínculo y la dependencia.
Desde la inseguridad al control
No puedes remediarlo: la desconfianza despierta sospechas y necesitas saber. Necesitas pruebas.
Da igual que aquello que descubras confirme o desmienta la sospecha de que ha dejado de quererte. La necesidad de controlar puede, en algunos casos, volverse obsesiva.
La fuerza de los saboteadores crece y se apodera de ti. Pueden hacerlo porque has regalado tu Yo a la otra persona —la que necesitas para sentirte feliz— y en tu interior ha quedado un vacío que los saboteadores vienen a ocupar como okupas que no te quieren ver feliz.
La paradoja de la dependencia emocional
Desde tu inseguridad te esfuerzas por demostrar tu amor siempre que ves la oportunidad, aunque en realidad ya estabas dando demasiado. Insistes en que vuelva a casa para hacer algo divertido —¡romántico!— contigo.
Que, en lugar de salir con los amigos de siempre, te saque a cenar. Que te lleve a todos los sitios donde quiere o tiene que ir. «Te acompaño; sabes que me encanta estar contigo». Vamos, no le dejas ni respirar.
Sí, te gusta acompañarle. Pero mientras estás con tu chico, también le controlas, ¿no es así? Y ni voy a comentar lo que ocurre con el móvil, las llamadas y los mensajes que recibe.
Cuanto más miedo tienes a perder al núcleo, a tu fuente de bienestar, más intentas acercarte. Y cuanto más intentas acercarte de manera ansiosa, más necesidad siente el otro de alejarse para recuperar aire.
Tú crees que le estás demostrando tu amor inmenso —que muchas veces tiene más de inseguridad y dependencia que de amor— y él empieza a agobiarse, y mucho. Busca recuperar su espacio, empieza con excusas y acaba con mentiras.
Tú intensificas el control. Recuerda: la dependencia necesita la sustancia que aporta bienestar. Y así la relación va de mal en peor hasta llegar a ser totalmente insostenible y explotar.
Falta de equilibrio
En muchas parejas, el problema no es la falta de amor. Lo que está fallando es el equilibrio entre intimidad y autonomía.
Desde una mirada más profunda, cuando el núcleo —tu pareja— empieza a sentirse controlado o manipulado, suele ser una señal de que la relación ha dejado de ser un encuentro entre dos adultos emocionalmente autónomos. Se ha convertido, al menos en parte, en una estrategia para gestionar los miedos de uno o de ambos. Por eso, en estos casos, la solución no suele ser que el núcleo dé todavía más ni que el satélite se esfuerce más en demostrar amor.
La salida pasa por que cada uno recupere su propio centro. Cuando una persona deja de ser responsable de la estabilidad emocional de la otra, el vínculo tiene más posibilidades de respirar y de convertirse en una elección libre en lugar de una necesidad.
Artículos relacionados:
- Cuando dejas de sacrificarte y la pareja se rompe
- Alta sensibilidad y narcisistas: amar sin perderse
- PAS y la necesidad de límites
- PAS y el conflicto
- Ser PAS y sentirse responsable, ¿hasta qué punto?
- El triángulo dramático y el rasgo de la alta sensibilidad
- PAS y el autocuidado
- PAS y la relación de amor: cómo reconocer las banderas rojas
- PAS y el apego
Si quieres saber más sobre el rasgo de la alta sensibilidad y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.
Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.
Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.
2 Comments
Leave a Comment
Minerva Falcón Rojas
Me ha encantado esta entrada, puesto que he pasado el resto de mi vida con apegos ansiosos y fracasos en las relaciones. En mi caso, acudí a las escrituras sagradas y si algo me liberó fue el siguiente mensaje que pude extraer de ahí: Los esposos no se convierten en ídolos el uno del otro, ni hacen de su felicidad la meta de su vida. Más bien quieren responder a un llamado de Dios y construir con él su vida y Dios es el que les dará el que sean felices.
Es un gran alivio sentirse libre mientras amas en profundidad.
Karina Zegers de Beijl
Gracias, Minerva, por tu feedback. Me encantan tus palabras. Un abrazo.