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Alta sensibilidad y el umbral del dolor en PAS

El umbral del dolor en personas altamente sensibles

Hay experiencias que muchas personas altamente sensibles han vivido desde siempre, pero que no siempre han sabido explicar con palabras. Una de ellas tiene que ver con el dolor. No tanto con cuánto duele… sino con cuándo empieza a doler. Quizás tú misma lo has sentido alguna vez: esa sensación de que tu cuerpo reacciona antes, de que algo se vuelve molesto o incluso doloroso cuando para otros todavía es soportable. Y quizá, en más de una ocasión, te has cuestionado por ello, pensando que, seguramente, estarías exagerando. Sin embargo, la investigación empieza a aportar una mirada distinta, mucho más respetuosa con esta vivencia.

Un estudio reciente de Hochreuter y su equipo (2025) ha medido de forma directa cómo responden jóvenes con distintos niveles de sensibilidad ante un estímulo físico. Y lo que han observado es muy claro: las personas altamente sensibles presentan un umbral del dolor más bajo. Es decir, el momento en el que el cuerpo dice “esto ya duele” llega antes.

No se trata de debilidad, ni de exageración, ni de falta de resistencia. Se trata de un sistema nervioso que percibe con mayor finura y detecta antes el punto en el que algo deja de estar bien para convertirse en doloroso. Y cuando uno comprende esto de verdad, la interpretación cambia y puedes dejar de juzgarte y de sentirte mal.

Diferencia entre intensidad del dolor y percepción sensorial

Curiosamente, cuando en ese mismo estudio se preguntaba a los participantes por la intensidad del dolor, no se encontraron diferencias claras. Es decir, una vez que el dolor está presente, no necesariamente es más fuerte en una persona altamente sensible.

La diferencia está en ese punto inicial, en ese umbral del dolor que se alcanza antes. En la vida cotidiana, esto puede traducirse en muchas pequeñas cosas: en una molestia que aparece antes, en un cuerpo que pide parar antes, en una necesidad de retirarse cuando otros aún continúan. Y también, en la sensación —tan frecuente— de no ser comprendida.

Porque cuántas veces una persona altamente sensible ha intentado adaptarse a ritmos que no son los suyos, ignorando esas señales tempranas… como si no fueran válidas. Y, sin embargo, lo son profundamente.

Alta sensibilidad y dolor crónico: impacto en la vida diaria

Otra investigación complementaria, centrada en jóvenes con dolor crónico, aporta una comprensión aún más amplia. En ella se observa que, aunque la intensidad del dolor no sea mayor, sí lo es su impacto en la vida diaria. El dolor, en personas altamente sensibles, tiende a resonar más. Afecta más al estado emocional, a la energía, a la concentración, a la forma de estar en el mundo.

Me imagino que sabes perfectamente de lo que estoy hablando. No es solo el dolor en sí… es todo lo que ese dolor moviliza por dentro. Cómo interfiere, cómo cansa, cómo ocupa espacio. Porque la alta sensibilidad implica una mayor profundidad en el procesamiento de todo lo que se vive. Y eso incluye también lo que ocurre en el cuerpo.

Elaine Aron, Michael Pluess y la sensibilidad al entorno

Aquí es donde cobra sentido recordar el trabajo pionero de Elaine Aron, quien describió la alta sensibilidad como un rasgo caracterizado por una mayor profundidad de procesamiento y una mayor reactividad del sistema nervioso. Desde esta perspectiva, no resulta extraño que el cuerpo también “procese” antes una señal de dolor.

Más recientemente, Michael Pluess ha ampliado esta comprensión con su enfoque de la sensibilidad al entorno, mostrando que algunas personas son más receptivas —tanto a lo positivo como a lo desafiante— debido a una mayor apertura y responsividad del sistema nervioso. El umbral del dolor más bajo puede entenderse también dentro de este marco: una mayor sensibilidad a los estímulos, incluidos los físicos.

Comprender y respetar el umbral del dolor en adultos PAS

Así, poco a poco, se dibuja una comprensión más completa y más amable. Por un lado, hay un sistema nervioso con un umbral del dolor más bajo, que detecta antes. Por otro, hay una vivencia que cala más hondo y tiene más impacto en la vida diaria.

Y entre ambos, una invitación esencial: aprender a escucharse. Quizás no se trata de “aguantar más”, ni de endurecerse, ni de compararse con otros. Quizás se trata de reconocer con honestidad dónde está ese umbral… y respetarlo, ya que,  en una persona altamente sensible, ese umbral no es un defecto. Es una señal fina, precisa, anticipada. Y cuando se atiende a tiempo, puede evitar mucho sufrimiento.

Cuidarse, entonces, no es solo aliviar el dolor cuando ya está presente, sino aprender a vivir en sintonía con esas señales sutiles. Dar valor a las pausas, a los ritmos propios, a la regulación de los estímulos. Y, sobre todo, dejar de juzgar esa forma de sentir.

Estos estudios ponen palabras a algo que muchas personas ya sabían en lo más íntimo: que su manera de percibir el mundo —y el propio cuerpo— es diferente. No mejor ni peor. Pero sí más sensible. Y tal vez, en esa sensibilidad, hay también una forma profunda de sabiduría.

La de escuchar antes. La de parar antes. La de cuidarse antes.

Y eso, lejos de ser una limitación, puede convertirse en una forma muy consciente de vivir.


Reflexión final: escuchar el cuerpo como camino de conciencia

Quizás, al terminar de leer, puedas quedarte un momento contigo. Llevar suavemente la atención al cuerpo… y preguntarte, sin prisa y con cariño:

¿En qué momentos noto que mi umbral del dolor aparece antes?
¿Escucho esas señales… o tiendo a sobrepasarlas?
¿Qué necesitaría mi cuerpo si lo tratara con la misma sensibilidad con la que trato a los demás?

A veces, la alta sensibilidad no pide ser corregida, sino escuchada. No pide ser endurecida, sino acompañada.

Y en ese gesto —tan sencillo y tan profundo— de atender lo que se siente en el momento en que empieza… hay algo que va más allá del cuidado físico. Hay una forma de presencia. Una forma de respeto hacia la propia vida. Como si el cuerpo, en su lenguaje silencioso, nos susurrara continuamente: “Hasta aquí… y aquí está bien”.

Aprender a escuchar ese susurro, quizás, es también una forma de volver a casa.

(Fuente: Hochreuter, J., Wehrli, S., Locher, C., Lionetti, F., Kossowsky, J., Pluess, M., & Koechlin, H. (2025). Painfully Sensitive: How Sensory Processing Sensitivity Affects Healthy Adolescents’ Perception of Pain. Journal of pain research, 719-733).

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Si quieres saber más sobre el rasgo de la alta sensibilidad y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

 

Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.

 

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Imagen: https://unsplash.com/@yrss

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